EL MILAGRO DE MULATOS
Centro planetario del futuro en la selva colombiana
por Martin Winiecki
Traducido por Ana Conthe y Simon Westermann
(PDF file espagnol) (english) (german) (português)
SÍNTESIS
La Comunidad de Paz San José de Apartadó es una comunidad rural formada por alrededor de mil quinientas personas en el norte de Colombia. No pertenecen a ninguna organización, no llevan armas y están firmemente unidos entre ellos por su ética de paz. Pero obstaculizan los planes de globalización del gobierno y de las multinacionales, y por eso el estado actúa brutalmente contra ellos. En los últimos trece años, perdieron casi doscientos miembros, asesinados por militares, paramilitares y guerrilla. En diciembre del 2009, un grupo central de la comunidad sube hacia el lugar de la muerte de Luis Eduardo Guerra, uno de sus líderes asesinados. Ahí quieren crear un lugar para el trabajo de paz planetario. Para ello hay que talar selva y organizar materiales. A pesar de las difíciles circunstancias, después de dos meses de construcción está terminado un centro, preparado para la acogida de alrededor de cien peregrinos que quieren participar en un evento del “Campus Global” en febrero del 2010. El Campus Global es una universidad internacional, que fue creada por el Centro de Paz Tamera, en Portugal, para la educación de trabajadores de paz en todo el mundo.
¿Qué fue lo que dio la fuerza a los habitantes de San José para seguir a pesar de las crueldades que sufrieron y para construir un centro en tan poco tiempo? Fue la decisión de dar un ejemplo de paz bajo cualquier circunstancia y de crear un modelo de supervivencia para todos los pueblos amenazados. Además, se había creado una amistad muy profunda entre ellos y el Centro de Paz Tamera, en Portugal. Miembros de San Josecito dicen que a través de la comunidad que vive en Portugal han redescubierto su propia visión de comunidad. Yo mismo asistí a la peregrinación, y a continuación ofrezco un relato detallado.
INTRODUCCIÓN
Después de una marcha de ocho horas por la selva, cruzando montañas escarpadas, pasando paramilitares y guerrilla, detrás de una curva, llegamos cansados a la pequeña aldea Mulatos. Nuestra “Caminata de la Vida” lentamente llega a su destino. Somos campesinos e indígenas, activistas políticos de ciudades colombianas, trabajadores de paz internacionales de muchos países y entre ellos un grupo grande del Centro de Investigación de Paz Tamera. Con nosotros caminan niños, ancianos y mulas. En el aire se nota una agitación alegre, mientras caminamos por la espléndida belleza de la naturaleza. En algunos momentos se podría pensar que estamos en el paraíso. Pero no lo estamos. Constantemente nos avisan: el bosque está minado, no debemos salir del camino.
La mayoría de nosotros ha estado aquí antes. Hace ya casi dos años caminamos por este mismo camino. Entonces era la estación de lluvias. El barro inacabable y el cruzar repetidamente de un río que nos llegaba a la altura del pecho nos llevaron hasta los límites de nuestras fuerzas. Comparado con esto la subida de hoy es fácil.
Somos participantes del Campus Global, una universidad de paz que fue iniciada por Tamera, en Portugal. Estamos invitados por la Comunidad de Paz San José de Apartadó.
Tan sólo poco días antes del comienzo del encuentro educativo, la comunidad de paz comunicó a los participantes que se había cambiado el lugar del encuentro: en vez de tener lugar abajo en San Josecito, la aldea principal de la comunidad con escuela, cocina comunitaria y alojamientos simples, el Campus Global iba a tener lugar en Mulatos – arriba en alta montaña, accesible solamente a pie.
Mulatos es el lugar donde hace cinco años el anterior líder de la comunidad de paz y toda su familia fue asesinado cruelmente por militares y paramilitares. De la última visita, lo recordábamos como un terreno aislado, situado sobre un río, en cual hay una capilla conmemorativa y un cobertizo – nada más. ¿Cómo debería celebrarse una universidad de paz aquí – incluyendo alimentación, alojamiento y clases? De algunos de los demás peregrinos escuchamos pistas sobre un nuevo centro en mitad de la selva. Cuando finalmente pasamos la curva del río y vemos lo que ha sido creado aquí, se nos para la respiración (estamos asombrados). ¡Quién podía imaginarse eso! Hay todo una aldea. Un letrero en la entrada dice “ Bienvenido a la Aldea de Paz Luis Eduardo Guerra”. En tan sólo unas pocas semanas, campesinos y refugiados, hombres, mujeres y adolescentes pertenecientes a la comunidad de paz talaron tres hectáreas de bosque y crearon lugares de encuentro (quioscos) y alojamientos para 120 personas, una escuela y una cocina, a muchas horas de distancia de donde viven. Lo hicieron constantemente amenazados y rodeados por grupos armados, lejos de cualquier carretera y sin dinero. Han tenido que trabajar día y noche, y aún así: A nosotros nos parece como un verdadero milagro. El milagro de Mulatos.
¿Qué fue lo que les dio la fuerza? ¿Cuál fue su motivación? ¿Qué hizo posible este milagro? Ellos dicen: “ Queremos materializar la visión de la comunidad de paz planetaria que deja atrás la situación de guerra. En los próximos años, Mulatos debe convertirse en una universidad de paz viva para Latinoamérica.
Nosotros, los huéspedes internacionales que presenciamos el milagro de este lugar, la fuerza de visión y el valor de la gente para construir para el futuro, tenemos la impresión: Esto podría convertirse en un modelo para Colombia – y aún más, para todos los pueblos oprimidos del mundo.
A continuación queremos entrar en la historia de un milagro – el milagro de Mulatos y el milagro que hace falta para mostrar el camino de la esperanza en todos aquellos lugares donde hasta ahora domina la violencia.
¿QUÉ ES ESTA COMUNIDAD DE PAZ?
San José de Apartadó está situado en el norte de Colombia, en una de las zonas más violentas del país. No sólo es rica en recursos naturales y en diversidad agraria, sino que su proximidad a la frontera a Panamá la hace valiosa estratégicamente por conectar Centroamérica y Sudamérica.
Multinacionales norteamericanas planean grandes proyectos económicos en esta región. Quieren extraer y exportar recursos naturales y productos agrarios industrializados. Los puertos secos planeados en cercanía directa son parte de un importante concepto de tráfico geo-estratégico: un complemento al Canal de Panamá que han de dar a Colombia el impulso económico deseado.
Desde hace décadas ha habido incontables expulsiones y masacres de los campesinos, que con su mera presencia obstaculizan los planes de las multinacionales y del gobierno y a los el estado no ofrece ninguna protección. La historia de esta región muestra la violencia despiadada con la que se implementa la globalización de los mercados en muchas partes del mundo.
Bajo estas circunstancias, algunos líderes de la Comunidad de San José de Apartadó se encontraron hace mas de trece años. Pensaron en qué podían hacer para protegerse de la expulsión. Junto al Padre Javier Giraldo, que como activista clerical de derechos humanos apoya activistas y comunidades en Colombia desde hace mucho tiempo, llegaron a la conclusión de que tenían que salirse del sistema, porque no sólo el estado no les protegía, sino que luchaba contra ellos. Decidieron formar una comunidad de paz, una aldea neutral en la cual los habitantes optaran por la resistencia no violenta frente a la guerra de cualquier grupo armado.
Tras una culminación de la violencia paramilitar, en marzo de 1997, se juntaron 1350 campesinos de las diferentes veredas de San José de Apartadó y firmaron la constitución de la comunidad de paz. Quien se une a ella se compromete a no cooperar con ninguna de las partes del conflicto, a no poseer armas, a no consumir drogas ni alcohol, así como a participar en los trabajos comunitarios.
Estos principios son el núcleo de su identidad comunitaria y por tanto su base de supervivencia.
En sus trece años de resistencia, casi doscientas personas de la comunidad han sido asesinadas – por paramilitares, militares y guerilla. Sin embargo, ellos siguen. Viven en cabañas simples de madera, entre las gallinas y los cerdos. Trabajan duro en cultivos de cacao y banana. Se enfrentan a las fuerzas armadas con botas de goma y con sus simples manos. Lo único que tienen es su fuerza de visión, su solidaridad y la fuerza de su comunidad.
Con esto han podido resistir y sobrevivir hasta hoy a muchas amenazas, e incluso al subterfugio: En marzo del 2005, la policía ocupa su aldea principal, San José de Apartadó, alegando protegerlos. Con eso la comunidad casi quebró, ya que una estación de policía hubiera socavado su valor básico, la neutralidad. Además, los habitantes habían vivido cómo incluso los grupos del estado formaban parte de la violencia. ¿Cómo podían confiar en la policía o en cualquier otro órgano del estado?
La comunidad de paz actuó con gran determinación: dejaron su asentamiento. Trescientas personas abandonaron sus hogares, se trasladaron a unos pocos kilómetros río abajo y construyeron un pueblo nuevo provisional en un prado: San Josecito - el pequeño San José. Ahí es donde siguen viviendo, bajo las condiciones más simples. San Josecito se ha convertido en el principal pueblo de la comunidad.
Sin embargo, los líderes de la comunidad no pueden atreverse a entrar en la cercana ciudad de Apartadó, ni siquiera acompañados por los internacionales. En los puestos de control oficiales de los militares o de la policía, los miembros del Consejo son en repetidas ocasiones sacados de los coches y detenidos sin juicio o directamente asesinados en la carretera.
Los miembros de la comunidad han sido declarados fuera de la ley por las máximas autoridades de Colombia. Los medios de comunicación y los políticos del país - sobre todo, el presidente Uribe – los calumnian públicamente como terroristas. Afirman que la aldea es un campamento guerrillero. Cualquier visitante puede ver que es todo lo contrario. Estas voces, sin embargo, no se oyen en la escena de los medios de comunicación colombianos.
La amenaza constante ha hecho que los habitantes se den cuenta de lo importante que es confiar en los demás y confiar el uno del otro. La conducta descuidada con la información puede costar vidas.
No hay nadie en San José de Apartadó que recuerde tiempos de paz. Incluso antes de la guerra civil que lleva sucediendo los últimos cuarenta años, había violencia, asesinato y dominación por parte de las empresas agrícolas grandes. Y, sin embargo, en este mismo país, donde los derechos humanos básicos se han despreciado desde hace mucho tiempo, han reconquistado su derecho moral, su derecho a una vida humana.
No hacen esto para ellos mismos, sino para todos los que están oprimidos. San José de Apartadó se ha convertido en uno de los pioneros de un movimiento: Alrededor de veinte comunidades en Colombia han declarado ser comunidades de paz neutrales en este sentido y construir alternativas no violentas. Algunos de ellos incluso crearon la llamada "Universidad de la Resistencia", un sistema alternativo de educación de las comunidades de paz. Su deseo urgente es ofrecer a los jóvenes una perspectiva que va más allá de la ilusión de una vida rica en las ciudades y que les proporciona el conocimiento de paz.
La comunidad de paz fue galardonada con el Premio de la Paz de Aquisgrán en 2007 y fue nominada para el Premio Nobel de la Paz en el mismo año. La atención internacional es su protección. Se formaron redes de solidaridad en Italia y España. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, Brigadas de Paz Internacionales y “Fellowship of reconciliation” han hecho presencia constante desde hace años y ofrecen la mayor protección que pueden contra los ataques.
En 2005, Luis Eduardo Guerra - uno de sus visionarios y líderes -, su esposa, su pequeño hijo y otra familia fueron brutalmente asesinados por los militares y paramilitares. Luis Eduardo encarnaba, más que cualquier otro, el poder de la comunidad para tomar siempre un paso más. Su asesinato fue un golpe tan duro que la comunidad casi se vino abajo. Gloria Cuartas, quien como el ex-alcalde de Apartadó había apoyado a la comunidad de paz desde el principio, comenzó una llamada de emergencia a todos sus amigos para ayudar a la comunidad de paz en estos momentos difíciles.
Una de las iniciativas que se ofreció a ayudar tenía sede en Portugal. Años antes, Gloria Cuartas, una abogada de derechos humanos que se había dado a conocer más allá de las fronteras de su propio país, había llegado a conocer Tamera en un momento de grave crisis en su lucha incansable por mejores condiciones de vida en Colombia. Su intento de encontrar una solución política negociando con la guerrilla y los paramilitares había fracasado. Durante su visita a Tamera, una comunidad que trabaja en un modelo de vida real para un futuro pacífico, conoció una forma diferente de trabajo por la paz. Esto le dio fuerza para continuar, a pesar de todas las pérdidas. Dijo a la comunidad Tamera: "Continuásteis con el sueño que nosotros habíamos enterrado hace mucho tiempo."
Después de la masacre de Luis Eduardo, llamó a Tamera para sugerir que dos representantes de San José fueran a Tamera. Y lo hicieron. Fue el comienzo de continuas visitas mutuas, de una constante profundización de la cooperación y la amistad entre las dos comunidades.
Desde el 2005, Sabine Lichtenfels, co-fundadora de Tamera, ha llevado en varias ocasiones peregrinaciones de paz "En el nombre de Grace". En octubre del 2008, la primera Caminata por la Vida, una peregrinación en el nombre de Grace, pasó por San José de Apartadó para llamar la atención internacional a la comunidad de paz y su situación general.
La peregrinación de hasta varios cientos de participantes se convirtió inesperadamente en un viaje existencial. Después de fuertes lluvias, tuvieron que cruzar ríos profundos cuando ya era de noche. Muchos de los participantes estaban totalmente agotados. En una parada intermedia, los miembros de la comunidad de paz fueron tomados como rehenes por los paramilitares, pero puestos en libertad más tarde. El grupo estaba alarmado: se encontraban en medio de la selva, rodeados por grupos armados en curso de confrontación. Finalmente, la situación se tornó peligrosa para la vida cuando los miembros de la comunidad de paz quisieron utilizar la presencia de los internacionales para enfrentarse directamente a los paramilitares. La supervisión mediadora de Sabine Lichtenfels previno más confrontaciones. Reunió a los peregrinos bajo un gran árbol. Rodeados por las fuerzas armadas, que estaban escondidos en los arbustos, rezaron por la reconciliación.
Muchos peregrinos sintieron que la oración había llegado también los paramilitares. En este momento una gran pacífica serpiente apareció en el tronco del árbol - una escena como el Árbol de la Vida en el Jardín del Edén. Fue como una señal, como si la naturaleza quisiera dar al ser humano una pista del paraíso que tiene la intención de estar aquí. La amenaza desapareció.
Se vivió un momento similar en Apartadó, cuando los militares querían detener una marcha de la comunidad de paz. Sabine Lichtenfels medió entre San José y el general de brigada Héctor Peña. Cuando un par de semanas más tarde renunció, se dijo que no había sido capaz de cumplir sus objetivos en la región. Otros, sin embargo, ven una conexión con el encuentro con una mujer del “lado contrario" que derogó el patrón habitual de violencia a través de su viva compasión.
E primer encuentro de educación del Campus Global en San José se convirtió en una plataforma de entendimiento profundo entre los trabajadores de la paz de las diferentes culturas y continentes. El intenso intercambio mental-espiritual creó la idea de una identidad global compartida. Fue el comienzo de una comunidad planetaria de personas de todo el mundo que deseaban abandonar el sistema de la violencia y trabajar por una alternativa libre de violencia.
Cuando dos de los visionarios de la comunidad, Eduar Lanchero y el Padre Javier Giraldo finalmente visitaron ellos mismos Tamera en 2009, decidieron establecer un futuro centro para la comunidad mundial dentro de su comunidad de paz. El lugar que eligieron fue el más difícil e importante que podían haber elegido: Mulatos.
¿QUÉ ES TAMERA?
El Centro de Investigación para la Paz Tamera se basa en más de treinta años de investigación radical por la paz. Dieter Duhm, uno de los líderes de la revolución estudiantil alemana del 68, había dejado atrás su vida convencional y también el marxismo, porque ya no podía participar por más tiempo en ninguna estructura que se basara en la violencia y la explotación de los demás. Se juntó con Sabine Lichtenfels y otros para fundar un proyecto nuevo basado en una noción diferente de la revolución. Sabían que la resistencia y propuestas políticas por sí solas no pondrían fin a la guerra, sino que eran necesarios nuevos sistemas de vida reales. Querían crear un modelo de paz que no estuviera en modo alguno basado en la violencia y la hipocresía. Además de todas las cuestiones de arquitectura, ecología, agua, alimentos, tecnologías y así sucesivamente, la comunidad pronto descubrió los campos internos de conflicto en las relaciones entre los seres humanos.
Aquí, en el dominio humano interno del amor, la sexualidad, la confianza y la comunidad, todas las comunidades y los intentos de cambiar el mundo por uno mejor habían fracasado hasta ahora. Exactamente por esta razón tenían que encontrar una verdadera perspectiva en este campo. Tenían que encontrar respuestas. ¿Cómo es un sistema social en que ya no existen los celos cuando un ser querido se abre a otra persona? ¿Cómo puede convertirse la rivalidad subyacente sobre el poder, el dinero y el sexo en confianza y complementariedad?
Querían efectuar los cambios que querían ver en el mundo en sí mismos. Sabían que no iban a encontrar respuestas nuevas utilizando viejos métodos. Por lo tanto, buscaban nuevos métodos para revelar el inframundo humano. Tuvieron éxito en hacer lo excepcional: crear una comunidad sostenible.
En 1995, se fundó Tamera en un amplio terreno en el sur de Portugal - el primer modelo piloto global para una cultura de la paz planetaria. Desde entonces, Tamera se ha convertido en una comunidad internacional con ciento sesenta personas. En el marco de su universidad de paz, trabajan junto con sus fundadores Dieter Duhm y Sabine Lichtenfels en los temas humanos para disolver el trauma colectivo humano y para reconciliar los géneros en profundidad. Además, desarrolla un sistema autosuficiente para la ecología sostenible y paisajes de agua, así como la llamada "Aldea de Energía Solar". Esto es un nuevo tipo de tecnología solar para las aldeas en zonas soleadas del mundo, desarrollada por el inventor Jürgen Kleinwächter.
LA IDEA DEL CAMPUS GLOBAL
Tamera coopera estrechamente no sólo con San José, sino también con iniciativas de paz en Israel / Palestina, la India, Tíbet, EE.UU. y en otros países. Tamera ha organizado peregrinaciones políticas y campañas de apoyo en zonas de crisis y educa a trabajadores de paz. Estas conexiones globales dieron lugar a una idea. Al conectar proyectos de futuro, inventores y centros de educación en todo el mundo, nació la idea del Campus Global: una universidad global de paz, con bases en todos los continentes, donde los jóvenes pueden aprender los conocimientos básicos que los distintos proyectos han estado reuniendo durante décadas de investigación. El conocimiento sobre la comunidad y el diseño de modelos autosuficientes es de máxima importancia. Este conocimiento se estudia, en la teoría y en la práctica, en una combinación de ciencia moderna, aprendizaje social, tecnología y ecología. La idea es que los estudiantes del Campus Global serán colaboradores capaces y cualificados para la creación de centros del futuro de paz planetarios en todo el mundo. Participan en un proyecto mundial para un futuro sin guerra.
Padre Javier Giraldo y Eduar Lanchero visitaron el Centro de Investigación para la Paz Tamera en el verano de 2009. Hicieron muchas preguntas y les recordó a los pensamientos básicos de su propia comunidad. No participaron en una conferencia en la que uno se reúne para hablar de paz y luego se separa, como es habitual en Europa, sino que entraron en un modelo de vida completamente nuevo. Vieron que la gente de aquí, miembros de una sociedad rica, había renunciado a sus propias carreras para vivir voluntariamente en condiciones muy simples y experimentales.
Encontraron en Tamera su propio sueño: la visión de una comunidad de paz en la que los seres humanos y todos los demás seres conviven en un biotopo de verdad y confianza. Es el sueño que siempre han tenido de manera intuitiva. Recuperaron la fe, que a veces era difícil mantenerse en su difícil situación.
MULATOS - UN CENTRO PLANETARIO
De regreso a Colombia, hablaron a su comunidad sobre la experiencia en Tamera - habían regresado con nuevas fuerzas. Preguntaron a la comunidad, "¿No deberíamos hacer un nuevo comienzo? ¿Qué hay de hacer realidad la idea original de crear un lugar completamente nuevo?" Visto de forma racional, parecía casi imposible, dadas las circunstancias que estaban viviendo. Pero prevaleció el poder del sueño que habían redescubierto en Tamera.
A principios de diciembre del 2009 comenzó a construirse Mulatos. El nuevo centro planetario se iba a construir en el lugar donde Luis Eduardo había sido asesinado. Aquí querían inaugurar una universidad para América Latina. A principios de diciembre no había mucho más que un cobertizo y la cruz de Luis Eduardo. Ahora hay un pueblo en crecimiento con el potencial de convertirse en un centro que trate las cuestiones sociales y tecnológicas en los países más explotados de América Latina y en otras regiones del mundo.
EDUCACIÓN 2010
En Mulatos podemos ver surgir una comunidad global. Los pueblos indígenas, campesinos e internacionales se mezclan en el abarrotado quiosco, el nuevo centro de encuentro. Se hablan muchas lenguas al mismo tiempo. Exactamente cinco años después de la masacre de Luis Eduardo y su familia, Eduar Lanchero dice: "La comunidad ha resucitado." La visión del propio Luis Eduardo está emergiendo aquí. Sabía que la política de la muerte no podía ser superada con ideología, sino sólo a través de nuevas formas de vida donde los hombres y mujeres transformaran la realidad capitalista en una realidad de vida. Cinco años después de su asesinato, este lugar de horror se ha convertido en el núcleo de una nueva vida. En el encuentro de la primera universidad del Campus Global en Mulatos, se establecen bases para una perspectiva de futuro.
Padre Javier Giraldo: "Hay una bomba de relojería en las comunidades: los jóvenes se ven tentados a mudarse a las ciudades por una ilusión de riqueza que no existe en ese sentido. Durante años, éste ha sido uno de los mayores desafíos para las comunidades de paz en Colombia. ¿Cómo es una perspectiva de futuro que sea más atractiva que la tentación de las ciudades? Muchos jóvenes se van de las comunidades. Llegaron de niños con sus padres y no tienen una conexión interna con los principios." ¿Qué tipo de educación puede hacer frente a las preguntas apremiantes de los jóvenes y ofrecer respuestas a sus ansias de una vida con sentido?
A nivel material, el concepto de la educación comprende tecnologías sencillas destinadas a simplificar la vida cotidiana de los campesinos y ayudarles a ser autosuficientes. Con esto adquieren conocimiento acerca de un cuidado de salud independiente, ecología y construcción sostenibles, así como las primeras formas de un nuevo tipo de tecnología. Un grupo construyó un secador solar sencillo para los granos de cacao.
Para los miembros de San José, un servicio de salud independiente es esencial para la supervivencia y es un paso político. A la gente de la comunidad se le ha negado a menudo la asistencia médica en los hospitales locales: un pérfido instrumento de poder que ha causado muchas muertes. Un equipo de salud hoy reúne a los conocimientos regionales sobre las plantas medicinales de los indígenas y campesinos. Se resumirá en un manual que se podrá utilizar más allá de la comunidad de paz. Se han iniciado huertos de plantas medicinales en distintas veredas de la comunidad de paz. El conocimiento antiguo de cómo tratar muchas enfermedades se encuentra con un concepto moderno holístico de sanación.
En el contexto del Campus Global, surgió una perspectiva de abundancia - una abundancia que ya no se basa en el consumo sino en la cooperación con la naturaleza. Juntos desarrollaron el plan completo de una potencial aldea auto-suficiente: incluye el suministro de agua potable, frutas y verduras cultivadas en la tierra, construcción con materiales locales, un centro de biogás para el suministro de energía respetuosa con el medio ambiente, etc. En junio y julio del 2010, miembros de Mulatos visitarán Tamera para construir una instalación de biogás junto con miembros de Tamera. Aprenderán cómo construir y gestionar dicha instalación para poder posteriormente llevar este conocimiento a casa - un elemento básico para un suministro de energía autosuficiente.
Al mismo tiempo, se pusieron piedras en las que se tallaron símbolos de una nueva cultura de paz alrededor de la capilla de Luis Eduardo Guerra. De esta manera se crea un espacio sagrado que es independiente de cualquier religión en particular. Todo el que viene ha de recordar que es parte de una creación mayor y que tiene que volver a aprender a cooperar con ella. Elementos cristianos y indígenas influyen el trabajo y se complementan entre sí sin entrar en conflicto.
Sabine Lichtenfels dice que en una nueva cultura de paz ningún aspecto de la creación estará por encima de otro, ni se excluirá ningún aspecto. La paz es el secreto del equilibrio y la cooperación entre todas las fuerzas y todos los seres.
En la plaza de la aldea muchas personas rodean a Claudio Miranda de Moura, un radiante músico de samba de Brasil que también participa en el Campus Global. Con alegría incesante, enseña a los niños y los jóvenes nuevas canciones. Vive en São Paulo, en una de las favelas más brutales de Brasil. Muchas de las historias que escucha aquí podrían ser su propia historia. De joven, vio cómo muchos de sus amigos fueron asesinados. En un nivel más profundo, Claudio sabe que no hay diferencia entre los jóvenes de la comunidad de paz y aquéllos que se unen a los militares o paramilitares. Dice: "Los jóvenes necesitan algún tipo de orientación. Si no tienen padres se unen a las personas que admiran, como los militares. Quiero mostrarles algo más atractivo para que no tengan que participar en la violencia." En la favela, construyó un centro de música, poesía y creatividad para ayudar a los jóvenes a salir de las drogas.
Durante algunos días, los jóvenes de las aldeas dispersas se reúnen en Mulatos. Estudian juntos, transforman la escuela en su centro para jóvenes y aprenden sobre las culturas del mundo. Lenta y tímidamente, comienzan a expresarse. Hablan sobre por qué están en la comunidad de paz, sobre la influencia de los medios de comunicación y la cultura en Colombia y, sobre todo, dicen que quieren ser parte de una nueva cultura, que quieren una vida diferente, que ya no están dispuestos a proyectar en el mundo occidental. Cada vez más las mujeres comienzan a hablar. Escuchamos historias conmovedoras de las pérdidas de sus esposos e hijos y cómo posteriormente lucharon por permanecer fieles a su amor. Es devastador ver lo mucho que estas mujeres han sufrido en sus vidas. Aún así, no sólo hablan de su dolor. Es sorprendente cómo muchas de estas mujeres, incluso en los momentos más difíciles, encontraron un poder amoroso que llaman Dios. Es el poder que les ha permitido no buscar venganza, sino contribuir a la comunidad de paz. Durante muchos años, las mujeres silenciosamente han mantenido el tejido social de la comunidad unido. Dejan a los hombres dar los discursos y llevar la comunidad. Ahora encuentran el incentivo y el apoyo para atreverse a estar más al frente y elevar sus propias voces en solidaridad.
PERSPECTIVAS
Al final de la primera reunión del Campus Global en Mulatos, Eduar Lanchero describe su visión para la aldea de paz Mulatos en tres años: un lugar que crea paz todos los días, una aldea en la que las personas están llenas de la fuerza de la comunidad que las une en un compromiso inquebrantable por la paz. Dice: "Es nuestro desafío convertirnos en hombres y mujeres nuevos y crear alternativas reales en las que el futuro no es el futuro que nos han enseñado, sino el que creamos todos nosotros."
Ahora Claudio Miranda habla de los cambios en São Paulo que ha experimentado desde que volvió de Tamera el verano pasado. En Tamera tuvo la visión de convertir a su favela- en Brasil, un símbolo de la guerra de la droga - en una comunidad de paz viva. Él la llama "Favela da Paz". La certeza creció en él de que si fuera posible transformar un lugar conocido por su brutalidad en un lugar de paz, tendría impacto en todo Brasil y tomarían nota - y aún más, existiría entonces un modelo para barrios bajos en todo el mundo.
De vuelta a São Paulo le llovieron ofertas de ayuda que nunca antes podía haber imaginado. Su visión de pronto lo convirtió en el imán de su realización. Llena de esperanza y de actividad, impulsada por el resplandor de Claudio y su equipo, comenzó la transformación de la favela.
Estoy muy conmovido por todo esto. Aquí en Mulatos, en la selva colombiana, el milagro de una nueva fuerza de paz ha comenzado. Este milagro necesita nuestro apoyo, la ayuda del público global. Necesita apoyo financiero, técnico y de los medios comunicación. Necesita aún más atención internacional. Por lo tanto, tendrá lugar probablemente una peregrinación en Bogotá en el contexto del Día Mundial de Grace, una iniciativa de Sabine Lichtenfels, el 9 de noviembre de este año.
Por favor, ayuda.
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Libro recomendado:
Sabine Lichtenfels: GRACE. Pilgrimage for a Future without War.
ISBN 978-3-927266-25-4, Meiga Verlag, 2007
(sólo en inglés y alemán)
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